Me encontraba
un jueves a las 3 de la tarde sentado junto a una camilla sobre la cual estaba tendida mi esposa Yalila.
Escuché el diagnóstico del médico
que le practicaba un examen.
“Esta mancha
oscura es un tumor de 9 por 6 centímetros . Dentro
de él existe otra deformación”—dictaba a su secretaria mientras observaba a través
de la pantalla de un televisor imágenes poco compresibles para mi en blanco y negro de toda la cavidad uterina--.
“¿Les puedo hablar
con sinceridad?”—preguntó.
Un sí al
unísono resonó en el climatizado ambiente de un estrecho laboratorio computarizado que para Arica parecía
ser lo más moderno.
“Bueno—prosiguió
el médico—existe un 90% de posibilidades que esa deformación al interior del tumor
sea cancerígena”.
Sentí que mi
sangre corría más rápida de lo normal y un fuerte zumbido se agolpó en mis oídos.
“Esto
requiere una operación de urgencia. Deben solicitar de inmediato una
hora de atención para atenderla
mañana en mi consulta e iniciar los
trámites de ingreso a pabellón”.
Con una
entereza envidiable Yalila
se despidió y nos retiramos a
solicitar hora. No pudimos concretarla
porque la secretaria se encontraba en tiempo de colación y debíamos volver más tarde.
Caminamos
hacia el auto y en mis oídos retumbaba como un eco la palabra cancerígena
mientras escuchaba la voz de Yalila muy lejana pero plena de convicción y optimismo porque confiaba
plenamente en su franca recuperación. Para mi era una inyección anímica y de
ejemplo para no proyectar preocupación.
No acepté ese
primer diagnóstico y sugerí que llamara a su hermano Luis, médico de la Clínica
Antofagasta. Al conocer telefónicamente la lectura del diagnóstico
pidió que se trasladara de inmediato a la
capital de la Segunda Región. No fue posible viajar solo hasta el día siguiente.
Me sentía
extraño escuchando los ruidos ambiente
como un sonido envolvente y un motor interior
que me remecía la cabeza. Mis palpitaciones eran mucho más aceleradas que las normales.
Además, en casa comenzaron las llamas telefónicas y traté de reparar los
aparatos porque escuchaba por el auricular muy bajo, con ruidos e interferencias. Por supuesto que no eran los
equipos. Había perdido la audición del oído izquierdo.
Lo
mantuve en secreto
para no agravar los momentos que se vivían y mi dolor no físico cada minuto se hacía más severo y no sabía como enfrentar esa situación y
aplacar mi desesperación e impotencia
frente a una realidad que me parecía cruel e injusta.
La conocí, no
un domingo, con un pisotón que interiormente
me hizo sufrir y sentirme el hombre más desgraciado y avergonzando de la Tierra. Como una
verdadera dama, digna y altiva sin
exteriorizar una mínima muestra de enojo o dolor me sonrió, me saludó y perdonó.
Cada vez que recuerdo esa anécdota me
provoca un inmenso remordimiento porque considero
que le provoqué un daño que ella no se merecía. Desde ese minuto
nació en mi el irresistible deseo de tenerla siempre a mi lado para protegerla,
para que se sintiera amada, convertirme en el
verdadero sostén después del que le brindaba su padre y que jamás se
sintiera dañada.
Logré el objetivo de tenerla a mi lado y me dio dos
hermosos hijos que coronaron mis sueños y esperanzas perdidas que cargaba
sobre mi espalda como la mochila del caminante que cruza el desierto sin
destino.
A pesar de mis
esfuerzos, no podía a brindarle en un cien por ciento lo que me había prometido. Siempre superando
dificultades y escollos que surgían
en cada recodo del camino que pretendíamos construir poco a poco. Era un andar cansino,
doloroso y hasta con tormento porque transitábamos sobre una ruta sembrada de piedrecillas y
lidiar con vallas que parecían infranqueables. Nuestros hijos fueron el sostén para
mantenernos unidos pero tengo la convicción que la principal causa fue
la fuerza, el coraje, la lucha constante que ella dio para no interrumpir esta
relación porque sentía fe en un futuro familiar promisorio.
Después del
repentino fallecimiento de su padre logré por fin cumplir mi
compromiso de convertirme en el apoyo y sostén que anhelaba.
Hasta el día
de hoy me siento orgulloso de conocer una mujer con gran fortaleza, orgullosa
de su vitalidad, belleza y simpatía. Siempre marca una diferencia por
su tenacidad, capacidad intelectual y creatividad que la hace
ser admirada, querida y odiada.
Oculta una
enorme fragilidad le afecta cuando no es comprendida en su
trabajo, especialmente por sus esmeros
en dar bienestar a los demás y en lugar de reconocer esas virtudes es mal evaluada, interpretada y juzgada.
Al sentirse
agredida en lo más profundo de su sensibilidad
hizo que fuera mermando su
capacidad de entrega y compromiso al
interior del campo laboral lo que precipitó
una profunda crisis depresiva.
Su
entrega hacia un servicio público durante 30 años fue
cabal y en muchas oportunidades
incluso postergó su vida familiar pero no a sus hermanos que viven diseminados dentro de esta loca
geografía. Anualmente toma la iniciativa de reunirlos en algún
rincón del país para celebrar unidos las
fiestas de fin de año seguramente para olvidar malos momentos o como íntima convicción de sentir el reconocimiento al menos de los seres queridos del trabajo que ejecuta y que los
relata orgullosa y con mucha vehemencia. Es la única instancia que tiene
para ver coronado el éxito de la
dedicación en el cumplimiento de sus responsabilidades profesionales.
En la nueva
ciudad que la acogió comenzó a sentir la necesidad de retomar su exitoso trabajo de formación social y
estética de la mujer con su Academia de
Modelos que tantas satisfacciones le brindó como pionera en Antofagasta. La crítica
situación local imperante la sobrepasó y no pudo cristalizar esa inquietud.
Haciendo uso de
las prolongadas licencias médicas producto de su depresión insistió en
desarrollar otra actividad que la alejara de la rutina laboral. Sentía la necesidad de volver a crecer personalmente con otros
proyectos que la sacaran del
submundo en que se desenvolvía.
Felizmente encontró el complemento ideal con sus amigas Mariel y Rossana y dieron vida a la
Productora Ges Eventos.
Los inicios no pudieron ser más
promisorios porque comenzaron con un contrato antes de partir con el proceso
normal de darse a conocer a través de la difusión y publicidad.
No podía creer
que doce horas después de haber hablado
telefónicamente con su hermano para leerle el primer diagnóstico, ya el día viernes se encontraba internada en la sala 301 de la
Clínica Antofagasta.
Me costó
comprender su ferviente optimismo frente a lo que vivía. Irradiaba una fuerza
tal que me dio el valor para confesar mi sordera y recibir palabras de aliento
que simplemente me tranquilizó a tal extremo que al día siguiente me sentí
mejor.
Se le
practicaron todos los exámenes de rigor y lamentablemente el diagnóstico
preliminar estaba en lo correcto.
No estaba a su
lado, sentí desfallecer una vez más a pesar de saber que mi misión estaba junto a nuestros hijos: no perder
sus últimas actividades escolares, los preparativos de la
graduación de cuarto año
medio de Nía y las últimas pruebas semestrales de Felipe.
Una vez más ya
no estaba cumpliendo con mi compromiso de estar
en su cabecera y sintiera el rol proteccionista que vitaliza
sus ansias de vida.
El dolor me
agobió pero alentaba escuchar su voz a
través de la línea telefónica. Renacían nuevamente mis esperanzas y ese mar de
dudas martirizándome que podría perder
lo más grande y querido que había logrado en mi vida se disipaban y emergían
nuevas fuerzas para mitigar el sufrimiento de imaginarme quedar
divagando por el mundo con un
inmenso vacio que ni siquiera mis hijos podrían llenar.
Sus ruegos
fueron dar tranquilidad a Nía y Felipe
para no interrumpir sus rutinas y
preparativos con motivo del término del
año escolar. El instinto de madre le decía que aparentemente indiferentes, los niños sufrían en su interior. Solo los vi
inexpresivos, cabizbajos entrar y salir.
Mi gran
compañero Tao fue un importante
consuelo. El hecho de sentir su
presencia o instalado sobre mis rodillas apaciguaba aprehensiones y un dolor indescriptible. Me
llamó la atención de que este poodle de casi tres años también se mostraba
inquieto y
nervioso porque
sentía la ausencia de su ama a pesar del respeto que le tiene por ser la única que lo autoriza a
ingresar al interior de nuestra
habitación.
Las horas
siguientes fueron tensas, largas, tediosas, imaginando su rostro, postrada esperando ser intervenida quirúrgicamente. Me
enclaustré para ocultar pena pero íntimamente con el gran alivio de saber que estaba rodeada de sus seres
queridos, familiares, amistades y contaba con el respaldo de un equipo de profesionales con los mejores médicos.
En la soledad de
la habitación de la clínica estuvo acompañada de un ángel que llevó para sentir la prolongación
del hogar y de sus hijos.
Una de las
principales características personales
que la identifican de cuerpo entero es su papel protector que asume con familiares, amigos o simplemente conocidos.
Esa sobre protección es muchas
veces motivo de críticas y mal interpretada porque su
dinámica proyecta una mujer dominante.
Confieso que
me costó años comprender esa virtud hasta llegar a la convicción de que realmente
actúa como un ángel lleno de cualidades
positivas como que frente a cualquier situación adversa y hasta aparentemente catastrófica simplemente Alá lo
proveerá. Reflexiono y veo que la frialdad y la crueldad del mundo que nos rodea
no deja espacios ni tiempo para meditar en profundidad y sopesar
los valores que muchos seres tienen y
son incomprendidos.
Los ángeles la
inspiran y se empapa con su espíritu para
ejercer esa labor a favor de todos quienes la rodean lo que conlleva
empinar el rol bienhechor.
Aún no sé
cómo cumplir esa misión sobre ella y
creo que nunca podré hacerlo.
La noche de ese viernes fue terriblemente oscura. El aliento de
llamados telefónicos y visitas de
amistades me permitió sobrellevar esa angustia que no sentí ni siquiera con la enfermedad de mis progenitores. Los sueños giraron en torno
a imágenes angustiantes, difusas, sin libreto y lógica. Para superar esos malos pensamientos
me retrotraía con recuerdos imborrables
de momentos plenos de nostalgias y que ahora, al ser narrados, se convierten en
simpáticas anécdotas. Son hitos que dejan huellas porque marcan las razones y el por qué estar y seguir unidos. Las resumo así:
Apareció por
primera vez en mi vida en actos
públicos como Seremi de Agricultura.
Todas sus imágenes
conservadas en un archivo secreto
de mi sala de edición de TV.
Mis momentos
de oasis espiritual congelando su rostro sobre la pantalla de un monitor.
Su actuación para un video clip del Festival de
Colonias Extranjeras.
Recibir sus felicitaciones
por haber obtenido mi primer premio en un video institucional: “Antofagasta en
122 imágenes”
Nuestras
primeras citas a cenar contemplando sus hermosos labios.
La primera
invitación al cine al estreno de Pelotón
y aprovechar el dos por uno de
los miércoles.
Luego empujar
el auto que no quiso arrancar.
Los
encuentros en casa de Mery, nuestra
actual comadre, donde se quedaba dormida.
Nuestro
casamiento en la Capilla Militar de Antofagasta.
El viaje de
luna de miel y el souvenir peruano.
El primer
desfile de su Academia de Modelos.
Su operación
nasal.
La llegada al
mundo de de Nía y Felipe.
La
organización del Congreso de Ingenieros en Minas.
Las reuniones
dominicales junto a sus padres y hermanos.
El cumpleaños
Nº 40 de
Yalila celebrado en un pub.
La compra de
su primera casa en calle Las Cruces de
Antofagasta
Sus logros y
frustraciones profesionales en el SAG.
Las originales
fiestas sociales en el día de sus
cumpleaños.
La compra de
su segunda casa en Valle de Azapa de
Arica.
Sus frustrados
intentos por revivir su Academia de Modelos en Arica.
Un soñado
crucero familiar por el Atlántico que
superó toda expectativa.
El día que
recibí tiernamente una tarjeta con la confirmación del embarazo de Nía.
Los extremos
cuidados de alimentación y los antojos.
Los paseos
frente al mar charlando con Nía en el
vientre materno.
El
nacimiento de una hermosa muñeca una lluviosa noche de septiembre.
Los baños y cambios de pañales.
Las cintas
rojas para que su belleza no se
esfumara.
Los desvelos a
media noche para acallar sus llantos.
Los primeros
pasos aprestándose a celebrar el primer año de vida.
Su primera
experiencia como modelo.
La caída
de Nía cuando corría en el Valle
de la Luna.
El goce al
morder las orejas de su padre.
El desaire a
su madrina Draga.
El loco e
inesperado viaje por carretera desde Antofagasta a Arica con Nía en brazos y
Felipe en el vientre.
En Arica
aceptar comer solo huevos importados.
Su primera
comunión en la Capilla La Cruz.
La casa de
muñecas y su colección de barbis.
La venta de
bebidas y galletas en el frontis de la casa.
La producción
de los primeros videos caseros con su hermano.
Los show
artísticos con la última tecnología doméstica en iluminación.
Sus
inigualables y acertada imitaciones.
Su cumpleaños
Nº 15 en una discoteque.
Sus primeros
pololeos con y sin ventajas.
Sus exitosas
actuaciones en el equipo de porras.
Su primera
computadora como regalo navideño que airadamente rechazó.
Los martirios
para elegir su vestuario.
Su cumpleaños
Nº 18 de disfraces en el Hotel El Paso
Park.
Su
primera licencia para conducir antes de los 18 años.
Su frustración
por no recibir como regalo de Navidad
las llaves de un departamento en Santiago.
El examen de
práctica de conducción con la máxima
distinción (a la primera) y licencia definitiva.
La graduación de cuarto año medio.
El anuncio de
la llegada de un varón.
El nacimiento
de un morenito lleno de vergüenza.
Sus
primeras palabras para mamá.
Las primeras vivencias
escolares
Las primeras
inclinaciones en el mundo de las comunicaciones.
Su primer
micrófono con palo.
Creación de la
empresa Mundo FP
Su primera
radio.
Su segunda
radio.
Su tercera
radio y hasta hoy día su novena radio.
Su primer intercomunicador
Su segundo
intercomunicador
Su primera
filmadora.
Su segunda
filmadora.
Su tercera
filmadora.
Su primer computador.
Su primera
página web.
Su segundo
computador.
Su primera
comparecencia ante el Juzgado de Policía Local de Mejillones.
Su tercer
computador.
La primera
incursión profesional como DJ Mundo FP.
Los dramáticos
momentos para lograr pasar de curso.
Sus primeros
ingresos económicos por reparación de computadores.
A las 8.45 de
la mañana del sábado ingresó a pabellón
y al medio día conocí el resultado de la operación. Para mi desalentadora con extirpación de todos los órganos reproductivos
y otros frente a la sospecha de estar el cáncer diseminado. Pero su optimismo y la férrea voluntad para vencer a
la adversidad queda demostrado una vez más en pronta
recuperación post operatoria al extremo de
viajar convaleciente para estar
presente en la licenciatura de Nía.
Ahora debe comenzar
un tratamiento de quimioterapia para anular y eliminar cualquier vestigio de
la enfermedad.
La aparición
de este fatídico mal fue repentino quizás
gatillado por un estado depresivo que le restó las adecuadas defensas a
su organismo e hizo que se propagara con mucha facilidad. También se podría
pensar en un descuido en los controles preventivos anuales provocado por la
separación geográfica de sus seres más queridos, la pérdida inesperada de su
padre y su madre que yace postrada con alzheimer.
Todos estos factores pudieron haber influido para esta desidia. Sin medir las consecuencias que
seguramente me rebatirá, me atrevo a
aventurar que el daño sicológico que le ocasionaron en su lugar de trabajo resultó gravitante para llegar a esta
situación.
Han
transcurrido vertiginosas horas desde esa tarde de jueves cuando
conocimos el primer diagnóstico. Es como
un torbellino que se cruza y arrasa con imágenes y vivencias pretéritas. Sueños
y pesadillas se confunden irracionalmente promoviendo miedo pero, al mismo tiempo, fortaleciendo la
esperanza para enfrentar los desafíos y
saber luchar contra adversidades.
El futuro ahora está en sus manos. Ella se la encomienda a sus
ángeles y a Dios y yo a quienes tendremos la
misión de permanecer a su lado
velando por su tranquilidad y
felicidad. Es el mejor tratamiento que recibirá para superar
definitivamente este flagelo y esos años y años de lucha constante se
compense disfrutando prosperidad.
Esas metas, muchas de ellas ya alcanzadas, llegarán ahora más fácilmente con la fuerza
prodigada con el amor incondicional que sintió de su familia y de
todas las amistades durante estas largas
horas de angustia, sufrimiento y dolores compartidos.
Gracias a cada
uno de ellos por esa cadena solidaria de afecto y cariño que hizo posible que este trance
dramático se hiciera soportable.
Gracias por
hacerla sentir querida.
Gracias por
hacer posible que la distancia no fuera obstáculo para estar junto a ella.
Gracias por
los nobles sentimientos surgidos
espontáneamente.
Gracias a un
trabajo profesional médico realizado con
cariño y esmero.
Gracias a los
ángeles por su protección diaria.
Gracias a Dios
por su bendición.
Este ángel que
se cruzó en mi camino, con el que tengo
el privilegio de compartir, recibe hoy una hermosa recompensa: el amor de todo el mundo.
Ah!!!!. Se me
olvidaba. Mi sordera mejoró un poco pero con un ángel a mi lado no es para
preocuparse… ahora solo pido que me conversen más por mi perfil derecho.
ARICA, 08 de diciembre 2006


