domingo, 3 de agosto de 2014

UN ÁNGEL EN MI CAMINO

Me encontraba un jueves a las 3 de la tarde sentado junto a una camilla  sobre la  cual estaba tendida mi esposa Yalila. Escuché  el diagnóstico del médico que  le practicaba un examen.
“Esta mancha oscura  es un tumor de 9 por 6 centímetros. Dentro de él existe otra deformación”—dictaba a su secretaria mientras observaba a través de la pantalla de un televisor imágenes poco compresibles para mi  en blanco y negro de toda la cavidad uterina--.
“¿Les puedo hablar con sinceridad?”—preguntó.
Un sí al unísono resonó en el climatizado ambiente de un estrecho  laboratorio computarizado que para Arica parecía ser  lo más moderno.
“Bueno—prosiguió el médico—existe un 90% de posibilidades que esa deformación al interior del tumor sea  cancerígena”.
Sentí que mi sangre corría más rápida de lo normal y un fuerte zumbido  se agolpó en mis oídos.
“Esto requiere  una operación  de urgencia. Deben solicitar de inmediato una hora de atención  para atenderla mañana  en mi consulta e iniciar los trámites de ingreso a pabellón”.
Con una entereza  envidiable  Yalila  se despidió y  nos retiramos a solicitar hora. No pudimos concretarla  porque la secretaria se encontraba en  tiempo de colación y debíamos volver  más tarde.
Caminamos hacia el auto y en mis oídos retumbaba como un eco la palabra cancerígena mientras  escuchaba  la voz de Yalila muy lejana pero plena de  convicción y optimismo porque confiaba plenamente en su franca recuperación. Para mi era una inyección anímica y de ejemplo   para no proyectar  preocupación.
No acepté ese primer diagnóstico y sugerí que llamara a su hermano Luis, médico de la Clínica Antofagasta. Al  conocer  telefónicamente la lectura del diagnóstico pidió que se trasladara  de inmediato a la capital de la Segunda Región. No fue posible viajar  solo hasta el día siguiente.
Me sentía extraño escuchando los ruidos   ambiente como un sonido envolvente y  un motor interior que me remecía la cabeza. Mis palpitaciones eran  mucho más aceleradas que las normales. Además, en casa comenzaron las llamas telefónicas y traté de reparar los aparatos porque  escuchaba   por el auricular muy bajo,  con  ruidos e  interferencias. Por supuesto que no eran los equipos. Había perdido la audición del oído izquierdo.
Lo mantuve  en  secreto  para no agravar los momentos que se  vivían y mi dolor no físico  cada minuto  se hacía más severo  y no sabía como enfrentar esa situación y aplacar mi   desesperación e impotencia frente a una realidad que me parecía cruel e injusta. 
La conocí, no un domingo, con un pisotón que interiormente  me hizo sufrir y sentirme el hombre más desgraciado  y avergonzando de la Tierra. Como una verdadera dama, digna y altiva  sin exteriorizar una mínima muestra de enojo o dolor me sonrió, me saludó y perdonó. Cada vez que recuerdo esa anécdota  me provoca un inmenso remordimiento porque  considero  que le provoqué  un  daño que ella no se merecía. Desde ese minuto nació en mi el irresistible deseo de tenerla siempre a mi lado para protegerla, para que se sintiera amada, convertirme en el  verdadero sostén después del que le brindaba su padre y que jamás se sintiera dañada.
Logré  el objetivo de tenerla a mi lado y me dio dos hermosos hijos  que coronaron  mis sueños y esperanzas perdidas que cargaba sobre mi espalda como la mochila del caminante que cruza el desierto sin destino.
A pesar de mis esfuerzos, no  podía a brindarle  en un cien por ciento  lo que me había prometido. Siempre  superando   dificultades y escollos   que surgían en cada recodo del camino que pretendíamos construir poco a poco. Era un andar cansino, doloroso y hasta con tormento porque transitábamos sobre una ruta sembrada de  piedrecillas y  lidiar con vallas que parecían infranqueables.  Nuestros hijos fueron el sostén para mantenernos unidos  pero  tengo la convicción que la principal causa fue la fuerza, el coraje, la lucha constante que ella dio para no interrumpir esta relación porque sentía fe en un futuro familiar promisorio.
Después del repentino fallecimiento de su padre logré por fin cumplir  mi  compromiso de convertirme en el apoyo y sostén que  anhelaba.
Hasta el día de hoy me siento orgulloso de conocer una mujer con gran fortaleza, orgullosa de su  vitalidad, belleza  y simpatía. Siempre marca una diferencia por su  tenacidad, capacidad  intelectual y creatividad  que la hace  ser admirada, querida y odiada.
Oculta una enorme  fragilidad  le afecta cuando no es comprendida en su trabajo,  especialmente por sus esmeros en dar bienestar a los demás y en lugar de reconocer esas virtudes es mal  evaluada, interpretada y  juzgada.
Al sentirse agredida  en lo más profundo de su  sensibilidad   hizo que fuera mermando  su capacidad de entrega y  compromiso al interior del campo laboral lo que precipitó  una profunda crisis  depresiva.
Su entrega  hacia  un servicio público  durante 30 años  fue  cabal y en  muchas oportunidades incluso postergó su vida familiar pero no a sus hermanos que  viven diseminados dentro de esta loca geografía.  Anualmente  toma la iniciativa de reunirlos en algún rincón del  país para celebrar unidos las fiestas de fin de año seguramente para olvidar malos momentos o  como íntima convicción de sentir el  reconocimiento  al menos de los seres queridos  del trabajo que ejecuta y que  los  relata orgullosa y con mucha vehemencia. Es la única instancia que tiene para ver coronado el éxito de  la dedicación en el cumplimiento de sus responsabilidades profesionales. 
En la nueva ciudad que la acogió comenzó a sentir la necesidad de retomar su  exitoso trabajo de formación social y estética de la mujer  con su Academia de Modelos que tantas satisfacciones le brindó como pionera en Antofagasta. La crítica situación local imperante la sobrepasó y no pudo cristalizar esa inquietud.
Haciendo uso de las prolongadas licencias médicas producto de su depresión insistió en desarrollar otra actividad que la alejara de la rutina laboral. Sentía la  necesidad de   volver a crecer personalmente con otros proyectos  que la sacaran del submundo  en que se desenvolvía. Felizmente encontró el complemento ideal con  sus amigas Mariel y Rossana y dieron vida a la Productora Ges Eventos.
Los inicios  no pudieron ser  más  promisorios porque comenzaron con un contrato antes de partir con  el proceso  normal de darse a conocer a través de la   difusión y publicidad.
No podía creer que doce horas  después de haber hablado telefónicamente con su hermano para leerle el primer  diagnóstico, ya  el día  viernes  se encontraba internada en la sala 301 de la Clínica Antofagasta.
Me costó comprender su ferviente optimismo frente a lo que vivía. Irradiaba una fuerza tal que me dio el valor para confesar mi sordera y recibir palabras de aliento que simplemente  me tranquilizó  a tal extremo que al día siguiente me sentí mejor.
Se le practicaron todos los exámenes de rigor y lamentablemente el diagnóstico preliminar estaba en lo correcto.
No estaba a su lado, sentí desfallecer una vez más a pesar de saber que  mi misión estaba junto a nuestros hijos:   no perder  sus últimas actividades escolares, los preparativos de  la  graduación  de cuarto año medio  de Nía  y las últimas pruebas semestrales de Felipe.
Una vez más ya no estaba cumpliendo con mi compromiso de estar  en su cabecera  y  sintiera el rol proteccionista que vitaliza sus ansias de vida.
El dolor me agobió pero alentaba escuchar su  voz a través de la línea telefónica. Renacían nuevamente mis esperanzas y ese mar de dudas  martirizándome que podría perder lo más grande y querido que había logrado en mi vida se disipaban y emergían nuevas fuerzas   para mitigar el sufrimiento de imaginarme  quedar  divagando por el mundo con un  inmenso vacio que ni siquiera mis hijos podrían llenar.
Sus ruegos fueron  dar tranquilidad a Nía y Felipe para  no interrumpir sus rutinas y preparativos  con motivo del término del año escolar. El instinto de madre le decía que aparentemente indiferentes,  los niños sufrían en su interior. Solo los vi inexpresivos, cabizbajos  entrar y salir.
Mi gran compañero Tao  fue un importante consuelo. El hecho de  sentir su presencia o instalado sobre mis rodillas apaciguaba  aprehensiones y un dolor indescriptible. Me llamó la atención de que este poodle de casi tres años también se mostraba inquieto y  
nervioso porque sentía  la ausencia  de su ama a pesar del respeto  que le tiene por ser la única que lo  autoriza  a  ingresar al interior de  nuestra habitación.
Las horas siguientes fueron tensas, largas, tediosas, imaginando  su rostro, postrada  esperando ser intervenida quirúrgicamente. Me enclaustré para ocultar pena pero íntimamente  con el gran alivio  de saber que estaba rodeada de sus seres queridos, familiares, amistades   y contaba con el respaldo de un equipo de  profesionales con los mejores médicos.
En la soledad de la habitación de la clínica estuvo acompañada de un ángel que llevó  para sentir la  prolongación  del hogar  y de sus hijos.
Una de las principales características personales  que la identifican de cuerpo entero es su papel protector que asume con   familiares, amigos o simplemente conocidos. Esa sobre protección es  muchas veces  motivo de críticas  y   mal interpretada porque   su dinámica  proyecta  una mujer dominante.
Confieso que me costó  años comprender esa virtud  hasta llegar a la convicción de que realmente actúa como un ángel  lleno de cualidades positivas como que frente a cualquier situación adversa y hasta  aparentemente catastrófica simplemente Alá lo proveerá. Reflexiono y veo que la  frialdad y la crueldad del mundo que nos rodea no  deja espacios  ni tiempo para meditar en profundidad y sopesar los valores que muchos seres tienen y   son incomprendidos.
Los ángeles la inspiran y se empapa con su espíritu para  ejercer esa labor  a favor de  todos quienes la rodean lo que conlleva empinar el  rol  bienhechor.
Aún no sé cómo  cumplir esa misión sobre ella y creo que nunca podré hacerlo.
La noche  de ese viernes fue terriblemente oscura.  El aliento de  llamados  telefónicos y visitas de amistades me permitió sobrellevar esa angustia que no sentí   ni siquiera con la enfermedad de  mis progenitores. Los sueños giraron en torno a imágenes  angustiantes, difusas, sin   libreto  y lógica. Para superar esos malos pensamientos me retrotraía con recuerdos  imborrables de momentos plenos de nostalgias y que ahora, al ser narrados, se convierten en simpáticas anécdotas.  Son hitos  que dejan huellas  porque marcan las razones y el por qué  estar y seguir unidos. Las resumo así:
Apareció por primera vez en mi vida en   actos públicos como Seremi de Agricultura.
Todas sus  imágenes  conservadas en un archivo secreto  de  mi sala de edición de TV.
Mis momentos de oasis espiritual congelando su rostro sobre la pantalla de un monitor.
Su  actuación para un video clip del Festival de Colonias Extranjeras.
Recibir sus felicitaciones por haber obtenido mi primer premio en un video institucional: “Antofagasta en 122 imágenes”
Nuestras primeras citas a cenar contemplando sus hermosos labios.
La primera invitación al cine   al estreno de  Pelotón  y aprovechar  el dos por uno de los miércoles.
Luego empujar el auto que no quiso arrancar.
Los encuentros  en casa de Mery, nuestra actual comadre,  donde  se quedaba dormida.
Nuestro casamiento en la Capilla Militar de Antofagasta.
El viaje de luna de miel y el souvenir peruano.
El primer desfile de  su Academia de Modelos.
Su operación nasal.
La llegada al mundo de  de Nía y Felipe.
La organización del Congreso de Ingenieros en Minas.
Las reuniones dominicales junto a sus padres y hermanos.
El cumpleaños Nº 40  de  Yalila  celebrado en un pub.
La compra de su primera casa en  calle Las Cruces de Antofagasta
Sus logros y frustraciones profesionales en el SAG.
Las originales fiestas  sociales en el día de sus cumpleaños.
La compra de su segunda casa  en Valle de Azapa de Arica.
Sus frustrados intentos por revivir su Academia de Modelos en Arica.
Un soñado crucero  familiar por el Atlántico que superó toda expectativa.
El día que recibí tiernamente una tarjeta con la confirmación del embarazo de Nía.
Los extremos cuidados de alimentación y los antojos.
Los paseos frente al mar charlando  con Nía en el vientre materno.
El nacimiento  de una hermosa muñeca  una lluviosa noche de septiembre.
Los  baños y cambios de pañales.
Las cintas rojas para que su  belleza no se esfumara.
Los desvelos a media noche para acallar sus llantos.
Los primeros pasos aprestándose a celebrar el primer año de vida.
Su primera experiencia como modelo.
La  caída  de Nía  cuando corría en el Valle de la Luna.
El goce al morder las orejas de su padre.
El desaire a su madrina Draga.
El loco e inesperado viaje por carretera desde Antofagasta a Arica con Nía en brazos y Felipe en el vientre.
En Arica aceptar comer solo huevos importados.
Su primera comunión en la Capilla La Cruz.
La casa de muñecas  y su colección de barbis.
La venta de bebidas y galletas en el frontis de la casa.
La producción de los primeros videos caseros con su hermano.
Los show artísticos  con la última  tecnología doméstica en iluminación.
Sus inigualables y acertada imitaciones.
Su cumpleaños Nº 15 en una discoteque.  
Sus primeros pololeos con y sin ventajas.
Sus  exitosas  actuaciones en el equipo de porras.
Su primera computadora  como regalo navideño que  airadamente rechazó.
Los martirios para elegir su vestuario.
Su cumpleaños Nº 18  de disfraces en el Hotel El Paso Park.
Su primera  licencia para conducir  antes de los 18 años.
Su frustración por no recibir como regalo de Navidad  las llaves de un departamento en Santiago.
El examen de práctica  de conducción con la máxima distinción  (a la primera) y  licencia   definitiva.
La  graduación de cuarto año medio.
El anuncio de la llegada de un varón. 
El nacimiento de un morenito lleno de vergüenza.
Sus primeras  palabras para mamá.
Las primeras vivencias escolares
Las primeras inclinaciones en el mundo de las comunicaciones.
Su primer micrófono con palo.
Creación de la empresa Mundo FP
Su primera radio.
Su segunda radio.
Su tercera radio y hasta  hoy día  su novena radio.
Su primer  intercomunicador
Su segundo intercomunicador
Su primera filmadora.
Su segunda filmadora.
Su tercera filmadora.
Su primer computador.
Su primera página web.
Su segundo computador.
Su primera comparecencia ante el Juzgado de Policía Local de Mejillones.
Su tercer computador.
La primera incursión profesional  como DJ Mundo FP.
Los dramáticos momentos para lograr pasar de curso.
Sus primeros ingresos económicos por reparación de computadores.
A las 8.45 de la mañana  del sábado ingresó a pabellón y al medio día conocí el resultado de la operación. Para mi desalentadora con  extirpación de todos los órganos reproductivos y otros  frente a la  sospecha  de estar el cáncer diseminado. Pero su  optimismo y la férrea voluntad para vencer a la adversidad queda demostrado una vez más en pronta recuperación post operatoria al extremo de  viajar convaleciente   para estar presente en  la licenciatura de Nía.
Ahora debe comenzar un tratamiento de  quimioterapia  para anular y eliminar cualquier vestigio de la enfermedad.
La aparición de este fatídico mal fue repentino  quizás   gatillado por un estado depresivo que le restó las adecuadas defensas a su organismo e hizo que se propagara con mucha facilidad. También se podría pensar en un descuido en los controles preventivos anuales provocado por la separación geográfica de sus seres más queridos, la pérdida inesperada de su padre y su madre que  yace postrada con alzheimer. Todos estos factores pudieron haber influido para  esta desidia. Sin medir las consecuencias que seguramente me rebatirá,  me atrevo a aventurar que el daño sicológico que le ocasionaron en su lugar de trabajo  resultó gravitante para llegar a esta situación.
Han transcurrido  vertiginosas  horas desde esa tarde de  jueves  cuando conocimos  el primer diagnóstico. Es como un torbellino que se cruza y arrasa con imágenes y vivencias pretéritas. Sueños y pesadillas se confunden irracionalmente promoviendo  miedo  pero, al mismo tiempo, fortaleciendo la esperanza para enfrentar los desafíos y  saber  luchar contra  adversidades.
 El futuro ahora está  en sus manos. Ella se la encomienda a sus ángeles y  a Dios y yo a  quienes  tendremos la  misión de  permanecer a su lado velando por su tranquilidad y  felicidad.  Es  el mejor tratamiento  que recibirá  para  superar definitivamente este flagelo y  esos  años y años de lucha constante   se compense disfrutando  prosperidad.
Esas  metas, muchas de ellas ya alcanzadas,  llegarán  ahora más fácilmente con la  fuerza  prodigada con el amor incondicional que sintió de su familia  y  de todas las amistades  durante estas largas horas de angustia, sufrimiento y dolores compartidos.
Gracias a cada uno de ellos por esa cadena solidaria de afecto y cariño  que hizo posible que este trance dramático  se hiciera soportable.
Gracias por hacerla sentir querida.
Gracias por hacer posible que la distancia no fuera obstáculo  para estar junto a ella.
Gracias por los nobles sentimientos  surgidos espontáneamente.
Gracias a un trabajo profesional médico realizado con  cariño y esmero.
Gracias a los ángeles por  su protección diaria.
Gracias a Dios por su bendición.
Este ángel que se cruzó en mi camino, con el  que tengo el privilegio de compartir, recibe hoy una hermosa recompensa: el amor  de todo el mundo.
Ah!!!!. Se me olvidaba. Mi sordera mejoró un poco pero con un ángel a mi lado no es para preocuparse… ahora  solo  pido que me conversen más por mi perfil derecho.
ARICA, 08 de diciembre 2006


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