lunes, 30 de abril de 2007

EL NEFASTO RIO SAN JOSÉ QUE MATA EL TURISMO

Por Ricardo Jorquera Dinamarca
(Publicado en el Diario "La Estrella" de Arica)
Inesperadamente se adelantaron las malas condiciones climáticas en el altiplano de la primera y segunda región lo que a nivel local trajo también las inesperadas consecuencias de la bajada del río San José. Un drama para los ariqueños, un drama para el turismo y todas sus actividades colaterales.
El 2006 estuvo marcado por una acción decidida de numerosos gremios para encontrar una solución armónica y compatible a los intereses de los sectores involucrados. Se hizo un gran esfuerzo colectivo pero insuficiente, al parecer, porque hasta el momento no hay ningún anuncio oficial que fije una fecha de iniciación de faenas.
Si es un problema recurrente cada año y que estoicamente se vive y se sufre desde hace 35 años, la pregunta es saber qué ocurrió con nuestros líderes de antaño, nuestra representación parlamentaria, nuestras autoridades y las fuerzas vivas de la comunidad para que este proyecto no prospere hasta el día de hoy. Se registran gestiones aisladas donde solo se obtuvieron recursos económicos para financiar estudios sobre estudios y la idea continúa entrampada.
Todos los febreros y este año en enero, soportamos con vergüenza ver la estampida de turistas hacia otros rincones del litoral nortino. Si miramos con ira contenida, con pesar e impotencia el desolador aspecto de la playa Chinchorro, debemos ponernos la mano en el corazón y cada uno asumir las responsabilidades que correspondan. Resulta incomprensible la pasividad de quienes deben velar por el bien común.
Sin querer mencionar cifras, porque resulta más abrumadora aún nuestra desprotegida realidad de pueblo, saltan las imágenes de gigantescas obras en importantes urbes del país que las asume el Estado sin pedir que parte de ellas deban ser financiadas por los habitantes beneficiados y para construir un pequeño embalse en Arica se condiciona su costo con un aporte de los pequeños agricultores que rechazan su ejecución porque además de no solucionar ni mejorar el sistema de riego, carecen de recursos para endeudarse. Para quienes toman decisiones no hay argumentos rentables para proyectar mirando a futuro y que, además, contemple una adecuada canalización en sus últimos 20 kilómetros para evitar que su cauce continúe convertido en un botadero de basura.
La equidad en este extremo norte parece no haber llegado en plenitud. Ahora se espera que como región pueda dilucidarse definitivamente este drama que trae este nefasto río San José.

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